Editorial zut 9

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18 enero, 2015 at 9:30 am  •  Posted in Editorial by  •  0 Comments

DIOS ES UNO Y STRESS

Guerra de eslóganes en las ciudades europeas. No está mal que se hable de Dios para acusarle de algo, aunque sea de no existir (probablemente). Entre el eslogan financiado por los ateos -Probablemente, Dios no existe, así que no te preocupes y disfruta de la vida- y el financiado por los evangelistas -Dios sí existe, disfruta de la vida en Cristo- hay diferencias insalvables. La más evidente es el adverbio: ese probablemente que dice tanto de una de las facciones, contrapuesto sobre todo a ese “sí” fascinantemente seguro de si mismo. Pero si hay un fallo en el eslogan ateo es ese modo de poner en comunicación la idea de la no existencia de Dios (otros ateos dirían que puede que exista, pero no hace falta ninguna) con la de disfrutar: ¿es que acaso Dios es una entidad que prohíbe el disfrute? En cuanto a disfrutar de la vida en Cristo hay algo que no entendemos: debe ser que el régimen preposicional en español es poco dado a las euforias religiosas, porque en esa frase se trata al profeta como si fuera un lugar, una ciudad por ejemplo (lo bien que se pasa en Málaga), o tal vez un estado anímico (me quedé en blanco). Sea como fuere, no deja de ser tierno que la batalla se haya trasladado a los laterales de los autobuses: al menos ninguna de las facciones parece tener entre sus planes bombardear aldeas o sacrificar energúmenos para defender una idea de Dios.

Se ha comentado mucho también el hecho de que Obama hiciera gala de un espíritu muy religioso en su toma de posesión. Unos lo han comentado para acusarlo de falso -ay estos ultras, no están contentos con nada- y otros para celebrar la posibilidad de ser religioso y ser sensato -ay estos progres, sólo se mojan en las lluvias que les sorprenden con paraguas. Dejando aparte el hecho, casi inverosímil, de que en su discurso acogió entre cristianos, musulmanes, judíos y budistas a los ateos, cosa que en América es prácticamente anatema, las esperanzas concentradas en Obama no tienen nada que ver, gracias a la Providencia, con Dios. Quizá sean excesivas, desde luego, pero se amoldan al espectacular modo en que ganó unas elecciones que han inyectado una ilusión que puede que se nos vuelva en contra en sólo unos meses. Pero la culpa de que el ilusionado se desilusione siempre es del desilusionado, nunca de quien lo desilusiona: claro que es difícil no ilusionarse con cualquier cosa justo ahora en que todo tiende al pesimismo, a pesar del sabio adagio que grita: DEJEMOS EL PESIMISMO PARA TIEMPOS MEJORES.

Volviendo al tema de Dios, ojalá se quedara siempre y en todos los lugares en una bonita guerra de eslóganes. Porque hasta ahora, Dios, por lo menos el que hemos tenido que padecer por estos lares, parecía responder a otro eslogan: Dios es uno y stress. Probablemente exista, probablemente no, probablemente si existe le gustaría no existir, probablemente si no existe está encantado de existir a pesar de todo -porque basta con que uno lo nombre o quiera creer en él para que exista: si existe la palabra que lo designa, existe la cosa designada-. Probablemente, en cualquier caso, estará encantado de que por fin su nombre sea causa de una disputa en la que no va a correr sangre, no se van a arrebatar territorios o perseguir enemigos y encarcelar a los contrarios. Tal vez ha llegado la hora de que una serie de dioses sanos, particulares, privados, de manga ancha, venzan al Dios estresante que tantas veces ha sido utilizado como perfecta coartada para el crimen.

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