Vernon Dixon, a espaldas de Hollywood

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25 enero, 2015 at 4:10 pm  •  Posted in Entrevistas by  •  0 Comments

Vernon Dixon,a espaldas de hollywood

     ENTREVISTA DE ANGEL L. RAMÍREZ Y LUTZ PETRY        

Vive en Torremolinos,  y   a pesar  de tener la memoria poblada  de  nombres legendarios y   anécdotas sabrosas y   secretos del mundo   del cine,  es renuente a la  hora de repasar  su vida.  Es   Vernon Dixon:  un aventurero, un   artesano  del  cine  que trabajó  con Stanley Kubrick, Billy  Wilder, Stanley Donen, Joseph  Losey,  Carol  Reed…

A pesar de haber sido uno de los mas destacados directores artísticos del  cine  internacional  del  siglo XX, Vernon Dixon (Sudáfrica, 1915), no vive retirado ni en una lujosa mansión de la riviera francesa ni en el confortable glamour de Hollywood.

Su último refugio se encuentra, desde los últimos años 70, en un discreto y anodino bloque de apartamentos de Torremolinos,  rodeado de una extraña atmósfera que le garantiza el anonimato.

Perdido para el mundo después del rodaje de su último James Bond (Solo para sus ojos), en 1980, cuando incluso la influyente revista de sociedad “Who is who” ya  le había dado como “missing”, rescatamos el inmenso archivo cinematográfico decorado por  mister  Dixon en  una  fresca tarde de invierno. Los tres Oscars que le fueron otorgados por la Academia posan, casi escondidos, en una estantería de la casa entre botellas de whisky y ron. Son los únicos testigos de un encuentro largamente esperado.

Dixon por fin recibe

Nuestra cita, varias veces anulada por los recelos que despiertan en nuestro anfitrión la palabra periodista –anteriormente  ya  había rechazado varios reportajes para la prensa inglesa  y americana-, resulta, a pesar de todo, cordial y amistosa, aunque dejo claro desde el principio que no iba a permitir que se le fotografiase.

El legado de este inquieto y elegante  aventurero, que dejó su Sudáfrica natal para dar sus primeros pasos profesionales en los camerinos del teatro inglés antes de la II Guerra Mundial, comienza en 1945 de la mano de la productora “Individual Pictures” -cuyas distribuciones estaban respaldadas por  la todopoderosa “Rank”, que controlaba por aquella época más del cincuenta por ciento de la industria cinematográfica británica-con la que rodó sus primeras películas. Su primer título, I see a dark stranger, fue dirigido en 1945 por Frank Launder, cofundador de la productora junto a Sydney Gilliat, y protagonizada por una de las pocas actrices de las que guarda un grato recuerdo: Deborah Kerr, “una intérprete que estaba por encima de los clichés del star system,  y con la que además se podía mantener una conversación más o menos ingeniosa”. Las otras fueron Katharine Hepburn y Candice Bergen.

Vernon Dixon 2 Las zapatillas rojas en el lago azul

En plena posguerra mundial, Vernon Dixon recibirá su primer gran encargo, la dirección artística de Las zapatillas rojas (1948), dirigida por Michael Powell con la ayuda de Emeric Pressburger. Esta producción inspirada en un cuento de Hans Christian Andersen, que marcaría un antes y un después en el cine inglés, la protagonizaron bailarines profesionales y obtuvo un éxito comercial y de crítica tan rotundo  como inesperado. Para muchos cinéfilos sigue siendo considerado como el más ingenioso y elaborado musical jamás filmado, y uno de los primeros del género rodados en color que se habían atrevido a explorar las complejas posibilidades  expresivas de la danza en la narrativa fílmica.

Su siguiente proyecto para “Individual Pictures” sería la primera versión de El lago azul (1949), estrenada en su momento bajo el título de La isla perdida, dirigida por Frank Launder, e interpretada por Jean Simmons y Donald Huston. Este rodaje se vio seriamente perjudicado por las interferencias de la productora Rank, que insistió en que la película se rodase en estudio (Pinewood) en lugar de los escenarios naturales ya escogidos,  disparándose considerablemente el presupuesto: “Tuvimos que realizar un gran esfuerzo para recrear los parajes idílicos del filme, visitando a menudo los archivos históricos del Museo Británico de Londres, donde fui titular de un pase especial para acudir a todas horas a su magnífica biblioteca”.

 

Exteriores en España

En los años 50, cuando los grandes estudios de Hollywood empezaron a poner de moda a España mediante el rodaje de las escenas más espectaculares de sus superproducciones, mister Dixon aterriza en nuestro país formando parte del equipo artístico de El Jardinero Español (1956), cuyos exteriores fueron rodados en la Costa Brava. Philip Leacock, su director, se había iniciado en el cine como ayudante de dirección en una serie de documentales sobre la Guerra Civil Española ambientados, curiosamente, en los mismos parajes catalanes donde transcurrirían dos décadas después El Jardinero Español.

Esta cinta, un poco kitsch, suscitó numerosas críticas  y algún que otro revuelo desencade- nado por los sectores más recalcitrantes de la época debido a la relación, abiertamente homosexual, que mantenían sus protagonistas principales.

Pero nuestro hombre, sentado plácidamente en el sillón de su apartamento y rodeado de los escasos recuerdos que aún conserva en forma de objetos rescatados de alguno de sus innumerables rodajes –como las dos maravillosas lámparas de los años 60 o esa estupenda celosía china, dorada y centenaria, que adorna la pared- no parece tener ningún recuerdo especial al respecto: “I can´t remember”  (no recuerdo) es su comentario favorito. Res- puesta razonable si se tiene en cuenta su avanzada edad (90 años), el apego al trabajo bien hecho “al poco tiempo de acabar un rodaje  ya me involucraba de lleno en el siguiente proyecto”  y un escaso interés por todo lo relacionado con el show business.

El siguiente encuentro con la Costa del Sol se produce en 1965 con Mando Perdido, un filme dirigido por Mark Robson con reparto internacional que se aprovechaba de las ventajas económicas y climáticas  para rodar exteriores en la provincia de Málaga. Aquí es donde se cruza en su vida el entonces un minúsculo y todavía  idílico pueblo de pescadores: “¿Por qué Torremolinos?. Era el lugar donde había que estar. En aquel tiempo, el sol, unido al alcohol y otras  drogas  en vías de desarrollo, atraían a una bohemia interna- cional con ganas de diversión y poco dinero, lo que por otra parte no suponía un gran problema en un lugar donde cualquier moneda extranjera era bien recibida…”.

Vernon Dixon 3Torremolinos, what’s new

El lugar le dejó lo suficientemente  impresionado, “… la vida aquí se desarrollaba bajo cómputos diferentes a los que se imponían, no ya en Inglaterra, sino también en el resto de España. Un gran puzzle de costumbres y lenguajes diferentes que asombraban a los lugareños y atraían cada vez más a los foráneos.…” Regresó a España en visitas espo- rádicas para rodajes como Nicolás y Alejandra, una epopeya sobre los últimos días de la fami- lia real rusa, acosada  ya por los bolcheviques, que contó con un reparto de secundarios de auténtico lujo (Lawrence Olivier, Michael Redgrave, Jack Hawkins… ); la película era una producción de Sam Spiegel dirigida por Franklin J. Schaffner y protagonizada por actores procedentes de la Royal Shakespeare Company. Esta película supuso el segundo Oscar para Mr. Set-Dressing Dixon.

Otra producción que le trae directamente a Andalucía es El Viento y el León (1974), de John Milius. En este rodaje volverá a coincidir con Sean Connery, actor del que guarda un espe- cial recuerdo, así como de la actriz protagonista Candice Bergen, con la que compartió lar- gas horas de espera y de confidencias en el desierto de Almería.

Tres años después (1977) se instala definitivamente en Torremolinos, poco antes de su retiro profesional. Cuando le preguntamos por qué esta decisión, la respuesta es clara… : “¿por qué?, tenía 65 años y ya había trabajado bastante…”. En estos dos años rodaría otras tres películas de las que él llama “de entretenimiento, sin otras pretensiones”. Así, su última película, Solo para tus ojos (1980) se rodaría en los mismos estudios donde se inició su carrera en el cine 35 años antes, y en los que creó los decorados del 70% de su filmo- grafía: los míticos estudios Pinewood, que habían inaugurado tres años antes el mayor plató del mundo, “el 007”, en honor a la serie del famoso agente al servicio de la Corona Británica.

Mirando al mar desde los bajos fondos londinenses

Chaplin volvió a Londres para rodar en estudio la que sería su última película La condesa de Hong Kong, 1966, equipo del que formó parte Dixon “…Chaplin era ya un hombre enfermo cuando rodaba esta película siempre bajo la mirada y los cuidados de su atenta esposa Oona O´Neill, recuerdo el rodaje como la asistencia al homenaje de un anciano venerable al que todos contribuíamos encantados… todos salvo Mister Brando que parecía estar a mil kilómetros de allí,  unas veces ensimismado, otra veces refunfuñando. Distante siempre y  ajeno incluso a la soberbia belleza de Sophia Loren, su pareja protagonista. La belleza de Sophia, unida a la de algunos de los objetos del decorado que luego subastamos entre el equipo, son los pocos recuerdos que guardo de aquel, para mí, importante trabajo…”

Mejores son los recuerdos que guarda de otra de sus películas de esta época: “Oliver es sin duda mi película favorita de todas las que he hecho, y no precisamente porque me pro- porcionara mi primer premio de la Academia. Fue un rodaje en el que tanto el equi- po técnico como artístico trabajamos en estado de gracia, y Sir Carol Reed era igual- mente venerable, pero conservaba un mejor estado de salud y creación que Chaplin… Esta película me permitió recrear los decorados de los bajos fondos londinenses de Dickens y la verdad, no quedaron del todo mal… “

En 1969 tuvo el enorme placer de trabajar con otro de los grandes cineastas del siglo XX, Billy Wilder, para el que realizó los decorados de La Vida Privada de Sherlock Holmes. “Billy, con el que mantuve una buena relación personal y laboral, consiguió escenificar en esta película uno de los estudios más profundos y conmovedores sobre el abismo existente entre la intimidad y  la imagen pública de un personaje. Su particular versión del famoso detective fue en aquel momento un fracaso comercial, pero con el paso del tiempo se ha convertido en un clásico…”

Nos interesamos especialmente por su tercer Oscar: Barry Lyndon (1973), del respetado Stan- ley Kubrick, rodaje prolongado, como casi todos los de su director, y no exento de inci- dentes “…No guardo buenos recuerdos de ese filme… ni de su actor protagonista (Ryan O´Neal) y  su pequeña hija Tatum que le acompañaba; su comportamiento era tan caprichoso e irritante como el del personaje que interpretaba en la película: un arri- bista sin escrúpulos bastante estúpido…”. La opinión sobre el director y su genio crea- dor no es mejor que la de sus recuerdos: “… Horrible!!! No creo que para ser un buen director se tenga uno que comportar como un animal… Sí, la película tiene hallazgos visuales y técnicos importantes: como la iluminación del plató con velas o la filtración que hace de la luz natural a través de los grandes ventanales, los decorados resultan fantásticos aunque sea yo quien lo diga… pero ¿merecía la pena tanta tensión?. Al final, lo único que queda es un filme esteticista de una belleza decadente… de cual- quier forma ningún  recuerdo agradable me une a ese rodaje aunque todo aquel esfuerzo quedase compensado con el Oscar de la Academia… No, tampoco esta vez se me ocurrió ir a Hollywood para asistir a la ceremonia, esos actos “sociales” nunca me han interesado, la única vez que he puesto mis pies en ese país fue camino de las Bahamas, dónde rodamos “Abismo” (1976), y fue una escala por razones técnicas… me fui directamente a la habitación del hotel y no salí hasta que volvimos a embarcar… Ah… durante el rodaje de “LyndonimpossibleO´Neal” me plantee la posibilidad de dejarlo todo y marcharme hacia dónde mi pensamiento miraba, día a día, con más fuerza: al sur, a España, Torremolinos, una vida más relajada…”

Y aquí es donde nos encontramos con este artesano del cine que nos recibe receloso pero educado, bastante más amable de lo esperado,  guardando  mucho más de lo que muestra. Su longeva memoria y su pudor no nos puede revelar más “…gracias por vuestro interés y espero  que vuestro artículo no tarde mucho en salir a la luz, no vaya a ser que la mía se apague antes. Good Afternoon…”.

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